LA REFORMA

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El movimiento de la Reforma tiene su inicio formal el 31 de octubre de 1517, día en que el monje agustino Martín Lutero clava en las puertas de la Catedral de Wittenberg (Alemania),

95 tesis que desatan una tormenta religiosa que finalmente derivará en el nacimiento de las iglesias protestantes.

Unos años después, entre 1533 y 1534, Juan Calvino (10-07-1509 / 27-05-1564), un joven abogado francés, influenciado por las ideas de la Reforma y por el humanismo de Erasmo, inicia su propio peregrinaje reformador, convirtiéndose muy pronto, por la calidad de sus escritos, en referente obligado para quienes anhelaban ser instruidos en la sana doctrina bíblica, de la que Roma se había alejado abismalmente.

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En 1536, edita la primera versión de la Institución de la Religión Cristiana, que había escrito mientras estaba refugiado en casa de un amigo. Esta obra, fundamental para el desarrollo sistemático de la Reforma, se reeditaría varias veces y en varios idiomas hasta tomar su forma definitiva en 1560.

Decidido a establecer su domicilio en Estrasburgo, pasó en su viaje por la ciudad de Ginebra. No pensaba quedarse más de un día. Pero el reformador Farel, al enterarse de su presencia en la ciudad, fue a visitarlo y, luego de solicitarle infructuosamente que se quedara en la ciudad para acompañar la reforma de la iglesia, lo increpó con palabras que se hicieron famosas: ”Dios maldiga tu descanso y la tranquilidad que buscas para estudiar, si ante una necesidad tan grande te retiras y te niegas a prestar socorro y ayuda”. Estas palabras hicieron cambiar de actitud a Calvino quien, poco a poco, comenzó a ejercer una mayor influencia en la vida eclesial de la ciudad y en las decisiones políticas de su Consejo.

 

REFORMADOS Y PRESBITERIANOS

Desde Ginebra, el calvinismo se extendió a otros cantones suizos. Se afianzó luego de la firma del Consenso de Zurich, en 1549, y se extendió luego por el sur de Alemania, Hungría, Francia, Escocia y los Países Bajos. Hacia 1580 ya se conocía a los seguidores

 de la doctrina de Calvino como reformados.

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Las iglesias reformadas en Escocia, Irlanda, Canadá, Estados Unidos y otros países de habla inglesa se identificaron como presbiterianas. En cierto sentido, las raíces pueden encontrarse en la obra del reformador Juan Knox, quien fundó una congregación de protestantes ingleses exiliados en Ginebra y se convirtió en el gran reformador calvinista de Escocia.

La teología histórica del presbiterianismo es una teología reformada en la que prevalece el calvinismo. Con el tiempo algunos presbiterianos han adoptado posiciones teológicas más flexibles. El sistema de gobierno les ha dado el nombre debido a que en Escocia había que diferenciar entre iglesias con gobierno episcopal e iglesias con gobierno presbiteriano. La Iglesia de Escocia (conocida allí como «The Kirk» o la Iglesia) ha sido desde los días de Knox una confesión presbiteriana y con el tiempo (siglos XVII y XVIII) llegó a consolidarse como la iglesia oficial del Reino, situación que no cambió al unirse las coronas inglesa y escocesa.

van gogh nuenen

En el siglo XIX se produjeron varios cismas y se organizaron la Iglesia Libre de Escocia, la Iglesia Libre Unida de Escocia, la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia y otros grupos menores, generalmente más conservadores. El presbiterianismo escocés fue trasplantado a Irlanda, sobre todo a Ulster, a partir del régimen de Oliverio Cromwell. La Iglesia Presbiteriana es la principal denominación protestante de Irlanda del Norte. Por esa misma época se extendió a las colonias inglesas de Norteamérica.

 

ORGANIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES DE FE

A través del mundo presbiteriano, la iglesia local la pastorea un ministro considerado como «anciano» o presbítero, encargado de la predicación y los sacramentos (bautismo y santa cena), pero gobernada por otros ancianos, los «ancianos gobernantes» (nombre tradicional) o «ancianos diaconales» (en algunos países). Estos deben diferenciarse de otros laicos, los diáconos, que contribuyen a la obra de la iglesia, pero no la gobiernan.

Las iglesias locales se integran en presbiterios, sínodos, asambleas, etc., en las que los presbíteros con rango de ministros de la Palabra y los sacramentos y los presbíteros generalmente conocidos como «ancianos» están representados. Su gobierno es democrático representativo.

 

 

IGLESIAS EN AMÉRICA LATINA

El presbiterianismo ha hecho un énfasis marcado en la educación y el progreso. Un sector conservador (que hace énfasis en la teología reformada y la inspiración literal de las Escrituras) ha tomado forma y se identifica como ortodoxo.Iglesia Presbiteriana de Cuba

En cuanto a América Latina, las iglesias de tradición presbiteriana y reformada se han establecido en la mayoría de las naciones. En algunos países como fruto de la ola de inmigración europea producida durante el siglo XIX. Luego también llegaría como producto del esfuerzo de las juntas misioneras de ultramar, tanto de Europa como de Estados Unidos. En muchos casos han contribuido a la vida de esos países con excelentes escuelas. Entre las grandes iglesias presbiterianas de América Latina están las de México, Colombia y Guatemala cuya historia, por su importancia, se confunde a veces con los inicios del protestantismo en esos países en la segunda mitad del siglo XIX.

Otros países con una larga historia en el presbiterianismo son Brasil, Chile y Cuba. Especialmente en Brasil el presbiterianismo conoce un gran crecimiento y desarrollo. En Cuba, el presbiterianismo se conoce como Iglesia Presbiteriana Reformada desde 1968, pero su actividad se inició en 1890 y una unificación con los Discípulos de Cristo y los congregacionalistas culminó en 1917–1918 con la formación de la Iglesia Presbiteriana de Cuba (actual Iglesia Presbiteriana Reformada de Cuba).

 

UNIDAD ECUMÉNICA

Varios esfuerzos de encuentro y unidad se han realizado, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX. Dentro de la familia presbiteriana y reformada de América Latina podemos dar gracias a Dios por el trabajo unido por más de 50 años. El primer Congreso Continental Presbiteriano tuvo lugar en Campinas, Brasil, en julio de 1955. En dicho Congreso se formó la COMISIÓN DE COOPERACIÓN PRESBITERIANA DE AMÉRICA LATINA (CCPAL). Su primer presidente fue el Rev. Borges do Santos de Brasil.

En 1966 la Comisión de Cooperación Presbiteriana se convirtió en ASOCIACIÓN DE IGLESIAS PRESBITERIANAS Y REFORMADAS EN AMÉRICA LATINA (AIPRAL). Siendo su primer presidente el Rev. Wilfrido Artús, de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata.

El trabajo de AIPRAL sufrió altibajos con el correr del tiempo. Se recuerdan momentos más “fuertes”, en el cual el estudio de la realidad estructural de nuestras iglesias fue analizado, así como el papel del pastor en las comunidades de fe, la importancia de la educación cristiana, diversos encuentros de análisis teológicos sobre identidad reformada y el papel de nuestra familia denominacional en la realidad social y política de la región.

Se ha trabajado también sobre el rol de las mujeres en la Iglesia, la familia y la sociedad. En los últimos años se han realizado varias consultas sobre fe e injusticia económica. Asimismo, se vienen desarrollando encuentros sobre identidad y misión.

 

AIPRAL DENTRO DE LA COMUNIÓN MUNDIAL

cmirEs a partir de agosto de 1997 – durante la 23ª Asamblea General de la ALIANZA REFORMADA MUNDIAL (ARM), celebrada en Debrecen, Hungría – que AIPRAL pasa a constituirse en un concilio de área, esto es, la región latinoamericana de la ARM. A partir de entonces pasa a denominarse ALIANZA DE IGLESIAS PRESBITERIANAS Y REFORMADAS DE AMÉRICA LATINA, manteniendo la misma sigla: AIPRAL. En 2010, tras la fusión de la ARM con el Consejo Ecuménico Reformado, nace la COMUNIÓN MUNDIAL DE IGLESIAS REFORMADAS (CMIR), de la cual AIPRAL sigue siendo el concilio de área latinoamericano. La CMIR reúne a 80 millones de cristianos reformados en 230 iglesias, congregados en su compromiso de hacer diferencia en un mundo conflictuado.

A todos los que con tesón y persistencia han mantenido viva la llama de AIPRAL somos deudores hoy. Con el compromiso de continuar adelante en la tarea resumida como colaboración “Sur–Sur”, que permita el crecimiento y reconocimiento a nuestra madurez teológica y funcional, dentro del concierto global de la familia reformada y del amplio movimiento ecuménico.